La iluminación se proporciona por una fuente luminosa exterior inclinada
(30°-60°) con respecto a la superficie del objeto. Las imágenes
se vuelven visibles porque los rayos luminosos, reflejados por las superficies
con el mismo ángulo de incidencia, toman una intensidad luminosa superior
con respecto a todos los rayos reflejados con inclinación diferente.
Las sombras creadas son menos marcadas que las del sistema con luz rasante. Los
rayos se reflejan también sobre partes profundas de las superficies volviendo
este sistema apto para visualizar zonas más amplias y profundas de la superficie
de un objeto. Se utiliza este tipo de iluminación en lugar de la coaxial
porque también las superficies inclinadas que resultan iluminadas se vuelven
parcialmente visibles.
